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PAUSAR PARA CONECTAR

  • Foto del escritor: Patricia Tanus
    Patricia Tanus
  • 11 feb
  • 5 Min. de lectura

Vivimos en un mundo que nos empuja constantemente hacia la prisa: agendas saturadas, notificaciones que no cesan, compromisos que parecen no terminar, situaciones que a veces nos sobrepasan. En medio de ese ruido, nuestra alma anhela algo más profundo. Un instante de pausa, un espacio donde podamos recordar que no estamos solos, que lo divino nos acompaña y que los ángeles caminan con nosotros.



ÉMUNA ES PAUSAR CON FE, CON CERTEZA, CON ENTREGA TOTAL
ÉMUNA ES PAUSAR CON FE, CON CERTEZA, CON ENTREGA TOTAL

Hacer una pausa no es perder tiempo; es recuperar nuestro centro. Es abrir un respiro en el que nuestro corazón puede escuchar lo que la rutina suele silenciar. En esa pausa, la conexión con lo divino se vuelve posible, y los ángeles encuentran el canal para acercarse a cada uno de nosotros.


La Biblia misma nos recuerda esta verdad. En Éxodo 23:20, Dios dice: “He aquí yo envío mi ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.” Este versículo es una promesa viva: no caminas sola, siempre hay presencia angelical guiando tus pasos.


Incluso Jesús, desde antes de su nacimiento, estuvo acompañado por los ángeles. El anuncio a María, el mensaje a José en sueños, la multitud celestial que cantó en Belén, y más tarde, los ángeles que lo sostuvieron en el desierto y en Getsemaní. Ellos estuvieron presentes en cada etapa de su vida, mostrando que la misión divina nunca se despliega sin compañía celestial.


Cuando tú eliges detenerte un momento en tu día, estás replicando ese mismo gesto: abrir espacio para que lo divino se manifieste. Pero en la velocidad de la vida moderna, pareciera que detenerse es un lujo. Sin embargo, nuestro espíritu sabe que la pausa es una necesidad. Es en ese instante de silencio donde recuperamos nuestro centro y recordamos que lo divino no está lejos. Está presente, esperando que abramos un espacio para escucharlo.


La pausa es más que descanso; es un acto de confianza. Al detenernos, reconocemos que no todo depende del esfuerzo, que hay una fuerza mayor que lo sostiene todo. En ese momento, los ángeles encuentran el canal para acercarse, para guiarnos y recordarnos que nuestro camino está bajo la guía de Dios y de sus ángeles.


Cuando elegimos hacer una pausa en el día a día, estamos replicando ese mismo gesto: abrir espacio para que lo divino se manifieste. La pausa se convierte en altar, en puente, en recordatorio de que nuestra vida no depende solo de lo que hacemos, sino también de la gracia que nos rodea.


La pausa como acto de Émuna: recuperar la confianza en lo divino.

Cuando elegimos detenernos en medio de la prisa, no solo descansamos, también estamos practicando la Émuna. Esa confianza radical en que Dios sostiene la vida y que los ángeles son enviados para guiarnos. Y es ahí donde la pausa se convierte en un acto de fe, en un recordatorio de que no todo depende del sacrificio, de la inmediatez o del esfuerzo, sino de la gracia que lo acompaña todo.


Émuna no es pasividad, es certeza. Es la fuerza que nos permite soltar el control y abrir espacio para que lo divino se manifieste. En esa pausa, la respiración se vuelve oración, el silencio se convierte en altar, y la atención se transforma en puerta abierta para los ángeles.


Hace poco escuche a través de Carlos Roca, un influencer espiritual un versículo del libro de Apocalipsis y me hizo tanto sentido en relación a la Émuna, y a la pausa consciente… el versículo dice: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. - Apocalipsis 3:20 


Si somos capaces de abrirle la puerta al caos, al ruido, a la enfermedad y a todo lo que nos genera crisis, porque entonces no dejar entrar a Jesús, a la Madre María, a los ángeles mismos que Dios ha puesto en nuestro camino… la cuestión es que si prestamos más atención a la inmediatez, a la prisa diaria, al caos, no podremos escuchar cuando ÉL o los ángeles llamen a la puerta.


Así que aquí tienes 5 tips básicos para conectar con los ángeles en una pausa diaria que se haga hábito y que nos permita estar atentos para cuando Jesús y los ángeles llamen a nuestra puerta.


  1. Respira con intención: una inhalación profunda y consciente abre tu corazón y te coloca en sintonía con lo divino. A veces la respiración es tan automática que la reducimos al mínimo y con ello perdemos oxigenación y claridad mental. Respira consciente y profundamente.

  2. Haz un gesto de apertura: coloca tus manos hacia arriba o abre tus brazos; tu cuerpo también puede ser un canal de conexión. La propia tensión diaria nos lleva a contracturar el cuerpo, lo cerramos y la energía y emociones no pueden fluir de manera correcta. Suelta, libera tu cuerpo y crea un lenguaje corporal que invite a lo divino a entrar en ti.

  3. Elige un símbolo sencillo: una vela, una piedra o un color que te recuerde la presencia de Jesús o de los ángeles. Esto no tiene que ver con que adores la imagen, sino que te permitas apoyarte en un elemento que te estimule a la apertura y conexión.

  4. Agradece ante todo: el agradecimiento inmediato abre puertas y activa la vibración de confianza, si bien esto del diario de gratitud a tomado un aire cliché, lo cierto es que la gratitud es un acto que nos apertura a recibir. Simplemente has la prueba cuando vayas a realizar algún trámite o compra. Expresa desde el inicio tu gratitud – GRACIAS, BUEN DÍA… ME GUSTARÍA HACER… - y deja que la magia ocurra. De igual forma ante lo divino se agradecido, no solo después de recibir el milagro, sino desde ahora, desde esta crisis o esta situación. A fin de cuentas todo lo que sucede es lo mejor que nos puede suceder ya que nos hace tomar consciencia y realizar los cambios necesarios.

  5. Escucha las señales: presta atención a sincronías, palabras repetidas o símbolos cotidianos; pueden ser mensajes de tus ángeles. Al igual que cuando envías un mensaje de WhatsApp y estas atento a ver que las palomitas se tiñen de azul y esperas la respuesta, pues de igual manera, presta atención a tu conversación con lo divino. Y para ello necesitas pausar, silenciar y estar presente.


La pausa no es un lujo, es un acto de fe. Cada vez que nos detenemos y silenciamos el caos externo recuperamos nuestra conexión con lo divino y recordamos que los ángeles están ahí, listos para guiarnos, sostenernos y recordarnos que nuestro camino está acompañado y llenito de herramientas para nuestro más alto bien.


Me encantará leerte en comentarios si este tipo de blogs te ayudan e inspiran. Me encantará saber de qué forma haces pausa y cómo es tu relación con lo divino. Recuerda también que en mi altar digital www.patriciatanus.com encuentras herramientas, tips y mucho más para hacer esa pausa necesaria y conectar con lo divino. Te espero!!


Con cariño

Patricia Tanus.

 
 
 

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