Cuando el mapa deja de ser teoría
- Patricia Tanus
- 17 ago
- 4 Min. de lectura
Mas de un año que no pasaba por aquí, más de un año que deje este blog a medias tintas, y es que en este año y medio me he sumergido de lleno en mi interior. Si bien supiste de mis duelos, lo que vino después de pasar esas etapas ha sido sumamente renovador. Comencé de lleno a trabajar con el llamado Reloj Cósmico de la Madre, literal, ese reloj lo hice mío. Fui de la mano con cada maestro ascendido trabajando esas áreas que aún permanecían oscuras y con heridas profundas y ancestrales.
Con el paso de los meses fui soltando capas y costras que de pronto ya no me identificaban. También en ese lapso de tiempo me di oportunidad de retomar una habilidad que herede de mis ancestras: la lectura de Tarot. Entre a un taller donde mi guía tarotista Aki, se volvió ese liquido alquimista que deshace a la oruga para convertirla en mariposa. Cada arcano se fue integrando en mi como piezas de rompecabezas y de pronto todo tomo un nuevo orden. Por otro lado la astrología me develó un lado que no conocía, eso que permanece oculto cual tuberías en una casa, y entonces Saturno que siempre me había mantenido a raya, soltó la cadena y me permitió salir a jugar. Neptuno rompió mis viejas creencias y dejo espacio para comenzar una nueva historia. Plutón dejo también de estar confrontando mis estructuras, y habiéndome dejado en la nada, me ha dado ahora espacio y tiempo para reconstruirme.
Todo esto me ayudo a darme cuenta de algo que no había podido mirar con claridad: había estado usando el lenguaje simbólico como una especie de escudo. Muy sofisticado, sí. Muy mágico, también. Pero escudo a fin de cuentas. Tenía todo el sistema armado, tenía runas, arcanos, vibraciones, códigos y mi conexión con los ángeles a tope. Sabía cómo leerlo, cómo explicarlo, cómo activarlo, las canalizaciones fluían, pero algo no estaba aterrizando. Me faltaba encarnarlo.
Así que decidí dejar de usar el mapa como herramienta de diagnóstico y empecé a usarlo como ritual vivo. No para entenderme, sino para moverme más allá de aquellas viejas creencias, más allá de lo pactado en el pasado. Activé a los arcanos El Carro y El Sol como guías para trabajar mis deudas masculinas y femeninas. No como conceptos, sino como fuerzas que me exigían acción. Y no fue cómodo, lloré, pedí perdón, perdoné, solté y abracé lo nuevo. Fue un tiempo en donde mi silencio externo, mi ausencia aquí y en otros espacios era el reflejo de que estaba muy dentro de mi, enfrentándome a patrones que había disfrazado de virtudes, la impulsividad que yo llamaba espontaneidad, la invisibilidad que yo justificaba como humildad o como estilo de vida.
Tuve que rediseñar mis rituales, no para que se vieran bonitos, sino para que fueran realmente funcionales. Tuve que ajustar códigos personales, revisar portales internos, reescribir secuencias y narrativas que ya no eran mías. Y en ese proceso, me encontré con algo que no esperaba, me tope con una nueva forma de estudiar los textos sagrados. No desde una fe ciega, sino desde la vibración aplicada.
La Biblia, UCDM, la Torá… dejaron de ser libros lejanos y se volvieron manuales de activación. Cada paso que comencé a dar se volvió metafísica viva. Comencé a vivir la magia solo para mi, sin interés de convencer a nadie, sino con el deseo de fortalecer mi liderazgo. Sin duda tanto escribir elijo amor, me llevo a eso... a ELEJIR AMOR, mi propio amor, ese que mora en mi interior y que estaba listo para ser retomado y liberado.
En ese trayecto sucedieron eventos externos que iban confirmando como estaba cambiando en mi interior, lo más cómico fue cuando cambie mi narrativa interna, esa que decía que dolía, que sufría, que todo era difícil, que no había ya razones para seguir adelante. Ese cambio de dialogo interno me llevo a colapsar mi equipo de cómputo. De pronto en su última actualización ya no pudo regresar a la vida. Y tuve que comenzar a utilizar otro equipo, uno más actual, con pantalla touch y con teclado gamer. Me di cuenta de que mi tiempo de juego con todo lo aprendido había comenzado. Este cambio me llevo a conectar con la era de Acuario, esta era que nos invita a innovarnos, a reinventarnos, a dejar atrás el sacrificio para comenzar a encarnar el cielo aquí en la tierra.
Si ya se que suena poético, pero es real, y es que Urano en Géminis nos empuja a un despertar multifacético, a activar nuestra mente de forma ágil y abierta, a revalorar nuestra esencia y recursos, a reconectar profundamente con nuestro cuerpo, a redefinir nuestros vínculos y entornos, y sí, también nos inspira a vivir plenamente una expansión de nuestra conciencia espiritual y profesional.

Así que aquí estoy, muy uraniana, muy leonina, y más canceriana que nunca, honrando a mis ancestros, liberando mi capacidad creativa y jugando con los ángeles, con mis guías divinos que en todo momento me han sostenido, impulsado y contenido.
Gracias por reabrir este espacio conmigo. Si has llegado hasta aquí, no es casualidad. Estamos entrando en una etapa donde lo simbólico se vuelve estructura, donde lo espiritual se vuelve sistema, y donde lo colectivo necesita de lo individual encarnado. La era de Acuario no es una promesa abstracta, es una invitación concreta a integrar lo que somos, a compartir lo que sabemos, y a activar lo que hemos venido a hacer.
Así que si algo de lo que has leído resuena contigo, si estás sintiendo que tu mapa interno pide activación, si sabes que tu propósito no puede seguir esperando… entonces este es tu llamado.
Súmate. Integra. Prepárate.
Lo que viene no es un curso, ni un taller, ni una fórmula. Es una frecuencia, y está por desplegarse.
Soy Patricia Tanus y la luz sea contigo.
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